Diferenciándose la igualdad e igualándose la diferencia

Tras la eclosión del feminismo radical en los años 70 nació el plural de Feminismo (s) dividido entre el feminismo de la igualdad y el de la diferencia

Equidad el tiempo es ahora

En el panorama internacional, puede decirse que el feminismo norteamericano parece haberse inclinado por la tendencia de la igualdad, mientras que los movimientos de Francia e Italia se pronunciarían más por la diferencia. En España, el feminismo de la diferencia tuvo un auge notable a fines de los años 70, imponiéndose en las jornadas nacionales de Granada; en la actualidad el movimiento de mujeres parece estar mayoritariamente en pro de la igualdad. Aún así, en todos los países pueden encontrarse exponentes destacadas de ambas corrientes.

El  feminismo de la igualdad  tiene su origen en la Ilustración y la redefinición del concepto de ciudadanía y universalidad  en el sentido planteado por Celia Amorós (1986) en el que todos los seres humanos son sujetos y en que existe la intersubjetividad, así como en el sufragismo y los partidos y organizaciones de izquierdas. Se basa en que ya no se acepte “hombre” como prototipo del ser humano, como “universal”. Los logros legislativos y laborales conseguidos por estas feministas han dado lugar al llamado feminismo institucional. En líneas muy generales, las mujeres de “doble militancia” o ligadas a partidos y sindicatos están por la igualdad.

¿Qué se entiende por igual? Las defensoras del criterio de la igualdad aclaran que ello no implica de ninguna manera la identificación con el opresor (en este caso, los hombres).

Empar Pineda y Celia Amorós realizaron un análisis muy lúcido y clarificador acerca de la tendencia conservadora de algunas defensoras extremas de la diferencia; también Cristine Delphy critica a esta corriente, designándola como de la “neo-femineidad”, ya que no hace más que remarcar los estereotipos clásicos en la materia, y le adjudica connotaciones reaccionarias. Llevada a sus extremos, tal línea de pensamiento y de acción tendría consecuencias negativas para el feminismo, que se podrían resumir en el “abandono de la lucha”.

Empar Pineda, define claramente lo que ella entiende por igualdad:

Cuando hablo de igualdad hablo de reivindicar la abolición de las diferencias artificiales en razón de sexo, los privilegios de un sexo sobre el otro, la desaparición de nuestra opresión de sexo. Luchamos, sí, porque no se nos niegue ningún derecho, pero luchamos, sobre todo, para acabar con la dualidad masculino/femenino, por acabar con la división de papeles en función del sexo” (P. Uría. E. Pineda, M. Oliven, 1985)

La idea del feminismo de la diferencia se inició en Nueva York (1968) con el grupo de feministas radicales llamado Redstockings of the Women’s Liberation Movement, dentro de este estaban Ellen Willis Shulamith Firestone, Kathie Sarachild, Irene Peslikis, Alix Kates Shulman, Anne Koedt, Rita Mae Brown entre otras.

Afirmar la diferencia y defenderla será la idea básica común en esta tendencia. Otros temas centrales son que la mujer se constituye como “sujeto revolucionario” y como rechazo de todas las corrientes de pensamiento prevalecientes (socialismo, marxismo, liberalismo, cristianismo, freudismo, etc.) en tanto son parte de la cultura patriarcal.

Influenciada sin duda por el movimiento negro y su clásico eslogan “the black is beautiful”, esta tendencia lanza el propio: “ser mujer es hermoso”, que constituirá la consigna reivindicativa clave. Sin duda esta idea cumple una función importante en el despertar de la conciencia de las mujeres, ya que como señala Celia Amorós, “ningún grupo oprimido puede partir de una imagen de autodesvalorización para luchar por liberarse “.

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Las Teóricas de la diferencia como Luce Irigaray, Annie Leclerc o Carla Lonzi debaten acerca de si las mujeres deben luchar por la consecución de la igualdad entre hombres y mujeres, o, por el contrario, reivindicar su diferencia como mujeres.  Dentro de la corriente de la diferencia existe una gran heterogeneidad de posturas, aunque algunos sectores se pronuncian por principio en contra de tales “definiciones” como parte de su ataque frontal a la cultura patriarcal, considerando que ésta impregna las formas usuales del lenguaje y la racionalidad.

Genoveva Rojo (1981) rescata las ideas de Leclerc y rechaza el feminismo de la igualdad diciendo que “no basta con afirmar que no queremos ser como los hombres de hoy, ni repetir lugares comunes sobre el deseo de futuras relaciones libres e igualitarias”; agrega que “las mujeres son diferentes a los hombres, tanto natural como culturalmente y que la trampa es que los hombres han hecho nacer lo universal de lo particular. La universalidad ha sido desde siempre su truco favorito” (Annie Leclerc, 1982).

Avanzar hacia una igualdad antes de esbozar sobre que facetas de esa diferencia puede construirse una nueva femineidad, significaría un objetivo falso. La diferencia trae consigo una revalorización de lo femenino, la recuperación del orgullo de las mujeres y del amor por su cuerpo que le fuere arrebatado por el patriarcado: “ser mujer es hermoso, amémonos a nosotras mismas por entero”.

En España destaca como defensora de la diferencia Victoria Seldón de León y Milagros Garcia Garretas. De Victoria rescato aquí un fragmento de un artículo publicado en www.Mujeresenred.net, con una visión muy particular sobre el feminismo de la diferencia:

Con Irigaray empezamos a caer en la cuenta de que nosotras éramos “feministas de la diferencia”. ¿Por qué? Porque nuestro camino hacia la libertad partía precisamente de nuestra “diferencia sexual”. Esa era la piedra filosofal.

Supimos entonces que el mundo como representación no era más que una proyección del sujeto masculino, es decir, “lo mismo”. Y “lo mismo” sólo se pregunta por aquello que puede responderse y que puede, de nuevo, representar. Para ser sujeto desde “lo mismo” basta con verse reflejado. ¿Cómo ser sujeto desde lo Otro? ¿Cómo ser sujeto en un mundo de representación masculina? Todo un reto apasionante.

La cuestión clave que exponía Irigaray ¿era espejo o speculum? Es decir, ¿se trataba de reflejar el mundo (con el espejo) para hacer una crítica feminista o de explorar la caverna (con el speculum) de la diferencia sexual? ¿Sociología o Psicología?”

Feminismo(s), si uno u otro no existieran habría que inventarlos.

Escrito por Meiga

Enlaces de interés

Manifiesto de Redstockings

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