¡Nos vamos de tiendas!

Entre compas nos contábamos hace días que familiares o amigos nos reclaman ser más femeninas y dejar de usar camisetas de hombre. Pero, ¿por qué vamos a dejar de usar la ropa que nos gusta?

Camisetas frikis e incluso bermudas son prendas de vestir a las que mucha gente le asigna género. Entonces, entras en una tienda y ves que hay sección de mujeres, de hombres y de niñes… también separadas entre niñas y niños.

La división binaria de la ropa es tan ridícula como la exclusión de tallas para todos los tipos de cuerpos.

Adri se pasó por un H&M de Valencia y estas son algunas de sus conclusiones respecto a:

Cuarto para cambiar bebés


¡A mejorar! El ícono de la persona cambiando pañales tiene falda… y está suele asociarse a las mujeres. Si los hombres llevaran falda habitualmente, no estaría mal. Mientras tanto… habría que mejorar el mensaje

¡A mejorar! Es genial que haya salas de lactancia para aquellas mujeres que así lo desean, pero dar de mamar en lugares públicos es perfectamente natural como cuando vamos al restaurante con nuestras crías y las ayudamos a cortar la comida. Dar la teta o cortar la carne es solo dar de comer.

¡Bien! La sala está apartada de los baños y no asociada al género (de hecho había dos hombres dentro). ¡Bien por esos papis que asumen roles de cuidados! Pero no os la creáis, es vuestra responsabilidad como padres.

Sección de ropa “de niñas”



¡A mejorar! “Follow your heart/Sigue tu corazón”, color rosa. Al corazón no se lo puede seguir, viene con nosotras allá donde vamos. Lo tenemos metido en la caja torácica. Es verdad que a muchas cisnenas les gusta el rosa… ¡pero hay más colores!

¡A mejorar! “U R2 CUTE/ Eres muy linda”, color rosa palo. ¿De verdad? ¿Ese es el mérito de una niña? ¿Qué tal probar con frases que no se asocien solo al físico?

¡Bien! Camiseta de “Hero/Héroe-Heroína”, color azul. Aunque el dibujo de la persona está recargada de glamour al menos parece fuerte, decidida y empoderada.

Seguimos analizando tiendas y os comentamos qué tal están.


Si has visto algo en alguna tienda que te haya llamado la atención por la imposición de roles, mándanos por favor la foto a través de Twitter @MaryReadP

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“¿Sabes que estás hablando de Teoría de Género?” 

La construcción patriarcal de la diferencia entre la masculinidad y la feminidad es la diferencia política entre la libertad y el sometimiento” Carole Pateman 

http://pin.it/EWVsbXU

Soy una mujer de cincuenta años y he tenido una experiencia traumática en un aula de la ESO. No, no soy docente, ni tampoco estudiante. No soy especialista certificada en nada. Me gano la vida como narradora oral, contando cuentos de diversas culturas del planeta, del presente y del pasado. Pero lo hago siempre, como lo hago casi todo, motivando al diálogo y a la reflexión, buscando ver un poco más allá, buscando entender contextos, pero también deshaciendo los caminos de la propaganda cultural.

Ganarse la vida contando cuentos no es tarea fácil, por eso habitualmente lo enmarco dentro de programas que están subvencionados con dinero público, o sea dinero de todas para el bien común (o eso debería ser). Ya he cumplido catorce años viviendo del cuento, y en este tiempo he pisado muchas localidades, muchos espacios culturales, muchas plazas, muchos teatros y también, obviamente muchos colegios públicos y concertados. He tenido muchas experiencias sorprendentes, pero pocas que merezcan la pena ser compartidas por escrito.

Y fue en este contexto, de la financiación administrativa, donde he tenido esa experiencia traumática. El colegio era concertado religioso, de la religión católica que es aún hoy la mayoritaria en el territorio del Estado español. Estaba yo comenzando a contar un mito, situando a mi público adolescente en el contexto geográfico y cultural: Creta tres mil años atrás, en el extremo mediterráneo de la Vieja Europa. Explicando la forma de gobierno de la isla y el choque cultural que dio origen a la historia en la que una mujer, de profesión reina, sacerdotisa y gestora, da a luz a varios hijos e hijas, entre ellos uno que era un hombre en todo menos en la cabeza, al que llamó Minotauro, y entre ellas una a la que llamó Ariadna.

Y en medio de mi ensoñación mediterránea, una voz proveniente del circulo que habíamos formado para facilitar el diálogo y la escucha, me dice: “¿sabes que estás hablando de Teoría de género? “. Pues sí, lo sé. Mi actividad se enmarca en un programa para promover la equidad de género. No hay nada en la teoría del programa que esté avalado por la Ley Natural pienso para mí, sin abrir la boca.

“Esa es un ideología contraria a las bases morales de este centro. Por lo que te tengo que pedir que reconduzcas la actividad o salgas de la clase” me dice la voz autorizada. “Aquí hablamos de igualdad entre los dos sexos”. Le propuse debatir allí mismo la diferencia entre su ideología y la mía, pero se negó rotundamente “son cosas que los niños no deben escuchar.”

Me quedó claro que la voz autorizada había hecho sus tareas. Supongo que lo que no pensó es que yo hubiera hecho las mías. Quizás hubiera sido más digno por mi parte recoger mis cosas y salir, despidiéndome secamente. Pero, por un lado soy hija del patriarcado y no logro liberarme del sentimiento de responsabilidad que me impele a cumplir con mis obligaciones laborales, y por otra parte no quería mostrarme ante aquellas adolescentes como una feminista vencida, si era la primera vez que veían a una feminista militante, que no la recordaran huyendo. Y me quedé hasta completar mi tiempo, reconduje mi actividad y pase a hablar de Personas. Desde ese momento, para mi en el aula todas eran personas y todas juntas eramos nosotras. Nosotras hacemos, nosotras sentimos, nosotras, vosotras, ellas… las personas.

Durante aquella hora de tortura en la que la histórica división sexual del trabajo no parecía tener nada que ver con un sistema de ideas, creencias, normas y valores; esa hora en la que tuve que recordarme a mí misma que allí, en esa entidad universal, lo personal no es político. Me preguntaba qué habría hecho Marcela Lagarde en mi lugar, y mientras desgranaba mi paseo por la historia en voz alta, mantenía una lucha interior conmigo misma para librarme de la mezquindad aprendida y ser capaz de discernir con inteligencia empática cuál era mi papel en ese aula.

La experiencia de convivencia entre la Teoría de Género y la iusnaturalis en un espacio y un tiempo concentrados no deja de golpear mi cabeza. La defensa de los derechos de Teseo para pasar a la historia como protagonista del relato al haber sido el vencedor del “monstruo” (soy ecofeminista y me duelen las injurias sobre el inocente herbívoro), y la justificación de la desaparición de Ariadna del imaginario colectivo que con ardor defendían aquellas adolescentes (ellas y ellos), que conocían el mito pero no el nombre de la mujer que ideó el plan para no perderse dentro del laberinto, me hacen ver que tenemos mucha tarea por hacer en el camino hacia la libertad.

Un mundo dividido entre hombres y mujeres que pueden formarse y trabajar en lo que deseen remuneradamente, pero sin permitirse la libertad de ser tan sensibles o tan pro-activas como su propia personalidad, desarrollada con las menores presiones sociales posibles, les dicte. No es un mundo donde podamos encontrar una igualdad de derechos en la diversidad.

Las personas somos complejas, cada cual a nuestro modo, nos debatimos entre ser aceptadas y ser rebeldes, entre merecer el amor (no el romántico sino el de nuestra comunidad) o trabajar para que el tan necesario amor no sea un camino de chantajes y manipulaciones. Y esa lucha que mantenemos con nosotras cada día, a cada instante, en amplios sectores de la población convive con una presión añadida, la presión de la negación.

Quienes me conocen saben que soy una persona sonriente, me esfuerzo por ser amable y paciente el mayor tiempo posible. Son para mi valores asociados a la utopía personal de cómo debe ser una sociedad respetuosa, sin embargo no me siento femenina, al menos no todo el tiempo. Soy plenamente consciente de ser una mujer en esta sociedad, he crecido escuchando a mi padre exigirme no llorar para poder estar “a la altura” de los hombres, una altura inalcanzable al parecer para las personas que lloramos cuando estamos tristes o frustradas, sea cual sea nuestro sexo.

Y escribo, porque no logro sacar de mi cabeza aquel día, aquellas caras como máscaras, aquellos ojos que me miraban con desdén. No me duele tanto la voz autorizada que había solicitado con dinero público recibir una hora de igualitarismo acrítico, como me duelen las minifaldas tableadas de las chicas y los pantalones grises de los chicos, en un día de lluvia y frío.

Texto: Carmen Ibarlucea (‪@CIbarlucea)


¿Igualdad? “Me abstengo”

ACTUALIZACIÓN 02/11/2016 11:58 AM.

Aún no recibimos respuesta por parte de L’Ametlla En Comú


Hemos preguntado en Twitter al regidor de L’Ametlla En Comú sobre su abstención en la votación de la moción de #igualdad de oportunidades para las mujeres.

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A partir de 1:04:00 podréis ver el pleno donde se habla del tema y en el que Jaume Durall, concejal de L’Ametlla En Comú, se abstiene.

Quedamos a la espera de respuesta por parte de la colación.

PSOE: la rosa ha muerto

Cómo afecta el suicidio del PSOE a la lucha feminista

Aunque nos alegramos de que el PSOE por fin haya muerto, somos conscientes que ha muerto matando… matándonos.Ha entregado el gobierno al partido criminal machista del PP.

Se ha muerto el bipartidismo pero se acrecentarán las violencias machistas, los rosarios en nuestros ovarios, la brecha salarial de género, los techos de cristal.

El PSOE no solo se ha entregado al establishment si no también que se ha cagado en su ideología, en sus propias leyes, en las personas pero sobre todo en las mujeres.

Era hasta el momento el único partido mayoritario que abrazaba, al menos, el feminismo institucional. Y, como tal, ejercía de contrapoder al nacionalcatolicismo españolista del Partido Popular.

Hoy nos deja a las mujeres expuestas a lo que un sacerdote o cualquier hombre machista decida a nivel legal.

Por lo tanto, como piratas condenamos el autoritarismo del Comité Federal del PSOE y su decisión, sin contar con las bases, de entregar nuestro presente y futuro a la miseria, la precariedad, la ausencia de Derechos y Libertades, a las mordazas.


Imagen viral obtenida en Internet, aquí puede encontrar a quien la diseñó: MongeDraws

Huelga Internacional de Mujeres

Ante el brutal asesinato de Lucía, una joven argentina, activista por la defensa de los animales, asesinada tras una brutal agresión sexual, las componentes del colectivo de piratas feministas Mary Read, nos solidarizamos con las hermanas argentinas y de todo el mundo y nos unimos a la huelga de mujeres desde todas las ciudades y pueblos del Estado español.

Listado de concentraciones internacionales.

Convocatoria para el 19 de octubre a las 18:30hs en Tirso de Molina, Madrid.

Porque vivas nos queremos, ¡ni una menos!
#NosotrasParamos

Lucía
Lucía

La culpa la tiene la religión

Sin religiones seríamos más libres

miau

Las religiones se forjaron al fuego del miedo y de las propias limitaciones. Los humanos primitivos adoraban la naturaleza, su poder y su capacidad de crear o devastar. Hubieron dioses de fuego, de agua, voladores, etc. Más tarde, ese politeísmo se fue transformando en una novela rosa de cotilleo donde egipcios, griegos y romanos iban conociendo y participando en las historias de sus dioses.

Pero luego llegó lo peor: el monoteísmo. Los judíos se inventaron a Yahveh, y luego otros humanos se inventaron a Dios y a Alá. Estas invenciones tienen un trasfondo político fundamental. Si no hubiera habido unos pocos beneficiados con el politeísmo mediterráneo la población no hubiese abrazado las religiones monoteístas que los llenaban de culpas, deberes, dolor y sumisión.

De las religiones abrahámicas, tanto en el precursor judaísmo como una de sus sectas: el islamismo, su dios no tiene género, ni es femenino, ni masculino: aunque habitualmente se hable de dios en masculino. En cambio en la secta católica, decir que dios era mujer era (y es) una herejía.

Pero claro, había personas rebeldes. Algunas querían seguir con los dioses viejos, que al menos eran divertidos… y otros sabían que era todo un invento para dominar al pueblo. Los poderosos lo aprovecharon, como es el renombrado caso de Constantino I, un emperador romano que aprovechó la avalancha cristiana para acumular aún más poder e inventarse desde libros, hasta mitos.

Antes de la legislación del cristianismo de Costantino I, ya los sacerdotes y los poderosos de regiones pequeñas ayudaron a divulgar las mentiras y fábulas de los creyentes, también llamados milagros. Y con estos hechos, afianzaron la misoginia. Casi todo lo malo que pasa en la Biblia es obra o responsabilidad de una mujer. Por ejemplo, María, la madre del Salvador, llamado Jesús, lo concibió fruto de una violación telepática de una paloma que le aseguró que seguía siendo virgen y pura…

Basta con leer el Viejo y el Nuevo Testamento para encontrarse miles de historias fruto de la creación de escritores de talla similar a la de George R. R. Martin para ver el Juego de Tronos que se montaron los inventaron del Cristianismo. No se les puede culpar de no ser creativos. La cuestión es que sin misoginia, sumisión y fantasías no hubiera sido posible la mitología católica, a la que extrañamente siguen miles de millones de mujeres.

Hoy en día esos mitos siguen vigentes y ya sabemos lo que ocurre en el Estado español, en Argentina o Filipinas… los capos de esa religión con Estado propio (gobernado por un dictador elegido por una oligarquía de machos) tratan de influir en las leyes de los Estados y de esta forma trasladar su misoginia.

Recordemos que el nuevo Papa Francisco abanderó las manifestaciones contra el Matrimonio Igualitario y luego sus palabras diciendo que la comunidad LGTBI+ es bienvenida en la secta (siempre que no follen). Capítulo aparte para el populista vaticano y su exitoso equipo de marketing que hace creer a la gente cosas que nunca dijo o hizo.

La mayoría de sectas está contra las leyes de salud reproductiva, porque se hablan de anticoncepción o de interrupción del embarazo, pero fundamentalmente porque no quiere que las mujeres ejerzamos nuestro derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos, porque no nos quieren libres.

Que una mujer tome anticonceptivos, que decida si quiere quedar embarazada o no es un acto aún revolucionario en pleno siglo XXI y no acepto críticas respecto a que aquí o allá somos libres de decidir… nuestra misión es pensar global y actuar local (al menos) y no podemos mirarlo todo únicamente desde nuestra perspectiva. Si no, como muestra, os recuerdo lo que tuvieron que aguantar Nuria Sánchez Díaz y Guillermo Zapata cuando tomaron la decisión de interrumpir el embarazo de Nuria.

La iglesia católica y toda la curia son enemigas de las mujeres, somos para ellos fuente de cuidados gratuitos y una bolsa donde gestar durante 9 meses a futuros clientes.

Que hoy en Occidente parezca que mujeres y hombres somos iguales, que tenemos iguales derechos y libertades… no es algo real. Sí, somos muy libres de comprar y de muchas más cosas… pero nos siguen usando, siguen intentando dominarnos. Por eso, como para todo, hay que parece a pensar bien cada tradición, cada imposición, cada rutina y ver qué tiene detrás.

Las religiones nos hacen mucho mal. No somos mártires ni tenemos que serlo.
La autoprotección y los autocuidados no son egoísmo. Sigamos trabajando para nuestra libertad y la de todas las personas.

Tradiciones, enemigas a abatir

Empezaré por definir que es una tradición según la RAE, que de casi todas es conocido su machismo y para muestra un botón:

tradición

Si con el significado no os basta, os daré unas cuantas razones más para que, por lo menos, empecéis a dudar de la “honorabilidad”, “respetabilidad” y “prestigio” que suelen avalar la transmisión en el tiempo de estas enemigas a abatir por el feminismo.

Además de ser un obstáculo para el feminismo, ya que como es evidente, de una sociedad patriarcal, con educación patriarcal, solo puede esperarse unas tradiciones machistas y patriarcales, la mayoría de las tradiciones, como corresponde con la naturaleza humana son erróneas, al desarrollarse dentro del continuo proceso de aprendizaje y mejora que debe afectar a la especie.

La historia está plagada de tradiciones desechadas. Las hay cruentas, inhumanas, execrables, inútiles… o simplemente absurdas, aunque siempre beneficiosas o de algún modo agradables, placenteras o favorables para los intereses de sus defensores.

Pero todavía quedan muchas contra las que luchar, si bien es cierto que los ritos donde se ofrecían vidas humanas casi han desaparecido, aún hoy en día, se pueden dar casos de Sati, incineración de viudas, cuya vida carece de valor una vez muerto el esposo, en zonas rurales de la India, y son igualmente repugnantes tradiciones como la ablación, la muerte por lapidación u otros castigos, en su mayoría hacia las mujeres, estas entre las más salvajes que en este momento me vienen a la mente.

Que decir de la tradición de la virginidad , que todavía hoy  en algunas religiones y culturas decide el presente y futuro de niñas y mujeres.

La cosificación, sexualización, el lenguaje sexista, los prejuicios, el amor romántico, etc… en definitiva, el machismo cotidiano, está perpetuado en nuestra sociedad gracias a muchas tradiciones que se han resguardado en el paraguas de aquellos que viven en el pasado, y temen perder sus tradiciones machistas y con ellas sus “privilegios tradicionales”.

Con respecto a los animales no humanos, la crueldad de las tradiciones es patente, y así cada año Japón acaba con cientos de delfines, Canadá y Groenlandia hacen lo propio con focas y Dinamarca y Japón lo hacen con ballenas, todo ello en base a defendidas tradiciones.

El mismo motivo martiriza, tortura y asesina a decenas de variados animales cada año en España: se les tira desde campanarios, se les arranca la cabeza colgándose de su cuello, se les atraviesa con lanzas…

Como “tradicionalmente” venía sucediendo…

Seguramente alguna persona que me esté leyendo esté pensando que hay tradiciones que son buenas, puede ser, pero son la excepción que confirma la regla.

Necesitamos evolucionar, las tradiciones en su mayoría nos llevan a involucionar.

Escrito por: @MeigaLobis

 

Primeros días como entrenadoras de Pokémon

Pokémon Go fue lanzado hace pocos días y es furor mundial. Hordas de personas se mueven en masa a la caza de Pokémon tanto en el Central Park como en el Parc Central de Nou Barris, en Barcelona. Y a muchas nos ha picado la curiosidad, así que nos descargamos la aplicación y nos pusimos a ello.
Al principio la aplicación te pide que diseñes tu avatar. Ambas nos pusimos a diseñarlos, eligiendo color de pelo y de ropa. Hasta ahí todo más o menos bien. Aunque solo había una forma determinada de cuerpo y de peinado.
c
El siguiente paso fue empezar a cazar bichos… desde nuestras camas. Que somos cazadoras pero tampoco vamos a hacer tanto lío. 😉 Una vez atrapados varios Pokémon, fuimos subiendo de nivel… y obteniendo puntos y medallas. 
Pero… ¡sorpresa! ¡Una app machista salvaje apareció! ¡Usó oficios y características masculinas! ¡Fue muy efectivo!
Por más que hubiésemos elegido el formato femenino, casi todas las características están en masculino. Nuestro avatar no es cazadora, si no cazador. No es científica, si no científico. No es ferroviaria, si no ferroviario.
b
¿Cómo se puede lanzar una aplicación, sabiendo de antemano que sería un éxito asegurado, sin tener del todo en cuenta a la mitad de la población?
Pero si seguimos leyendo estas características nos encontramos con dos que sí están en femenino: ¡chica mala! ¡niña soñadora! O sea, la mala o soñadora sí pueden ser mujer, pero solo eso.
Entonces, ni nosotras, ni nuestros Pokémon son hembras, mujeres… salvo, chicas malas o niñas soñadoras.